martes, 25 de diciembre de 2012

Mi vida en un Cohete

Una vida comienza
21 de Diciembre 2012

Ya son las 8 pm y la posada está a punto de comenzar. 
Llevo algunas sillas a su lugar y Eliseo me grita "Bebe o muere"
No tengo ánimos para tomar algo, pero me divierte la felicidad de toda ésta familia. Los primos, los amigos, las tías y los abuelos. Todos en compañía alegre y fiestera. Nadie pelea ni llora, todos gritan de júbilo y me alegra saber que ya sea en pobreza o en abundancia, en salud o enfermedad, todos conviven por un bien; Las Fiestas Navideñas.
En eso recuerdo "hay un paquete de cometas sin quemar en la mochila" y siento como se me enchina la piel de solo saberlo, voy apurado a la casa de Bibiana aun a pesar de los gritos de Áres y Eliseo. Abro con sigilo y deslizo la mochila por la pequeña abertura. Salgo contento y emocionado. 
El fósforo cobra vida con la lija de la caja y la mecha comienza su único camino de ida. La pólvora reacciona y el nacimiento de estrellas de aquel crater de tiza comienza. La felicidad desborda para después apagarse eternamente en una lengua de fuego que recuerda a los cohetes... Es quizá por esto que los llamamos cohetes, pues todos terminan su excistencia en ese último aliento de fuego.

Benditas armas de la imaginación, hermosas luces de prometeo que divierte al corazón mas frio, que dan calor al corazón de las almas jovenes y que desprenden un hilo de nostalgía en los no tan niños. Un par de señores se detienen a vernos y algunos otros niños rien cuando las chispas se dispersan. Pequeñas estrellas artificiales. 

Todos hemos tenido el poder del sol en nuestras manos y el corazón salta cuando el júbilo aflora. Rio y sigo quemándolos. Uno a uno se van acabando y poco a poco la bolsa se hace mas pequeñas.
¿Qué no es la vida sino un cohete?
Nacemos de una mecha, que con fuego y pasión arremete su camino, quema todo su ser para dar paso a la chispa que genera Vida. Una vez adentro anima a los granos de pólvora "Salgan! no hay tiempo que perder!" y así salimos del Útero materno. Crecemos y nos desarrollamos en un millar de chispas, cada vivencia, cada risa, cada tristeza, todas y cada una de nuestras experiencias se reflejan en cada copo de fuego. y asi seguimos hasta que la madurez nos alcanza y las chispas ya no son tan abundantes. Pero aun asi seguimos vivos y aprendemos a vivir. Nuestro camino se enlaza con otros cometas pero el de nosotros sigue siendo una sola linea, no importa cuanto se enrede con alguna otra, seguirá siendo solo nuestra. Es así como alcanzamos la vejez y las chispas ya no afloran alocadas, una a una saben a gloria, compenzando todas aquellas que dejamos ir sin siquiera mirarlas. Es ahora que la sabiduría llega y el fuego del conocimiento sustituye a la vivencia. Llega la flama de la experiencia, y es como instruimos a los nuestros, podemos encender nuevas vidas, podemos darles una guía, una luz a sus caminos tan oscuros y templados. Reimos, y reimos a nuestras anchas, pues la vida ha sido una fiesta de chispas y estrellas, en el furor de todos los caminos, quemamos hasta la última risa, la última pisca de alegría, somos hogueras ardientes que buscan ese combustible para vivir, para reir y seguir viviendo, para aprovechar hasta la última viruta de aliento que nos quede. Cada minuto que vivimos, no regresará jamás y es por eso que se enciende tan alegre y tan pasional pues sabe que ya no volverá. La lengua de fuego se apacigua y poco a poco nos vamos apagando. Olvidamos rostros, olvidamos nuestra vida, y nos confinamos, tal como en el útero materno,  a lo que pase día con día. Regresamos poco a poco a ese crater de tiza que nos vio nacer y es tiempo de regresar a donde pertenecemos, a esa chispa que nos dio el impulso para surgir. Nuestra vida termina y solo quedan los recuerdos. Ese humo grisaceo y danzante que vive en las memorías de todos aquellos que entrelazaron sus caminos con los nuestros, y aun una momentanea y pequeña piedresilla con algo de calor en la punta del crater. Hemos vivido, hemos crecido, desarrollado y finalmente, fallecido. Pero la vida no es lógica ni sigue patrones, puesto que, aun cuando el recuerdo se acalle en la memoría del tiempo. Una nueva mecha, una nueva vida, puede acceder a ese último copo ardiente y encontrar el calor suficiente para vivir, para encender de nuevo esa mecha, en el ciclo interminable de la vida. Y del corazón del olvido, tal como Ave Fenix, surgir y exhalar el aliento que dará inicio a toda esa nueva serie de chispas, a esa explosión que siempre vemos con alegría y placer, a ese instante de felicidad. Este sol que Dios nos regala a cada uno de nosotros y dependerá de nosotros que chispas hemos agradecido y aprovechado y cuales hemos dejado ir. El cometa se apaga y solo el cascaron colorido de tiza. Así como los cementerios, los cuerpos quedan tirados y olvidados, pues la vida no tiene tiempo para recordar a tantos y sigue su camino, por cualquier brecha o grieta abriendose paso. Pero no olvidemos que aun cuando hemos perecido, en aquella pequeña bolsa plástica hay muchos otros que aun no comienzan el camino. Así el mundo gira y los cometas siguen brillando, cada uno en su jubilo de fuego. Cada niño tiene en sus manos la mecha de su felicidad, y aun cuando la vida nos tire y nos siga tirando, nosotros tenemos aun el fuego para seguir luchando. 
Cometas, cebollitas, vengalas, lalalas, palomas, buscapies, trikitrakas, cañones, lenguas de gato, abejorros, carrilleras, escupidores, llamemoslos como ustedes quieran, cada uno vive su vida a su manera. Unos brindan luz y tardan en extinguirse, otros recorren la vida rápido y se pierden en su trayecto, otros explotamos tan rápido y tan fuerte que muchos nos han oido, otros explotan poco a poco para toda una sinfonía de estallidos. Podría continuar, pero creo que mi punto ha quedado claro. Es por eso que lo llamo "Mi vida en un cohete" porque aun conservo el alma de niño, y puedo disfrutar de encender un cerillo y dejar que la vida de ese pequeño cohete siga su propio camino. 

Victor Antonio Amador Benítez...

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