Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde... Abandoné demasiado tiempo mi casa, y ahora que los ladrillos se caen, que la pintura se desvanece, que el polvo se acumula como la piel seca de una serpiente, es cuando me doy cuenta que jamas debí de haberme ido del todo.
"Buen punto dotor"... Siempre lo recordaremos de esa manera. Alto, delgado, cabello chino, de rasgos cansados y ojos alegres. El señor Hector Martinez, era de esos hombres que inspiraban la confianza de un buen amigo, te hacia creer en su palabra y te invitaba a sentarte con él y platicar. La última vez que lo vi fue hace 3 meses. Los años pasaron y su cabeza se lleno de cenizas del tiempo, su cara se agrietó, su cuerpo se encorvó y sus movimientos se hicieron pacientes, discretos; celebraba aniversario con su esposa, y aunque no recuerdo cuantos años, se que eran mas de los que muchos llegaran a pasar.
Me vio, me observó de pies a cabeza, y por fin dijo "Victor! el hijo de la doctora Benítez y de Santiago! ¡Qué gusto me da verte!" Oh si, los años también se me fueron a mi también, y cambié los patines por un par de cuadernos, una calculadora y mis sueños en las manos...
No mentiré, no fuimos los mas cercanos, no fuimos los apegados ni los allegados, pero si fuimos, y en nuestra familia siempre ocuparan ese pedacito de corazón que nos recuerdan una sala llena de testigos de Jehova, un estudio del libro, un cafe, una cálida palabra y una sonrisa sincera. Salimos a predicar juntos, y era de aquellas pocas personas que vio en mi realmente potencial, que de verdad creía firmemente que yo sería alguien, que yo podría cambiar algo... En verdad, fue de las pocas personas que sinceramente abrió su fe para conmigo, y que siempre estuvo dispuesto a recibirnos con una sonrisa...
Hoy, después de tantas primaveras, veranos, otoños e inviernos, después de una vida de servicio y humildad, su último aliento escapó de su cuerpo...
Yo creó fervientemente que pocos tendremos, la clase de fe y corazón que este hombre poseyó en vida, y que casi nadie sabe, lo que es creer en verdad en que el hombre es capaz de amarse como a uno mismo... En mi infancia, lo llevo grabado como uno de los seres que ayudó a alegrar mis recuerdos y que sin duda alguna contribuyó a que yo siguiera soñando.
Mi más sentido pésame a todos sus hijos, sus nietos, a su esposa... Susan, Hector, lo siento muchísimo, en verdad no saben cuanto lo siento... Mi familia y yo, jamás los dejaremos solos, aquí estamos con ustedes.
2 de Abril del 2014 será un día que jamas olvidaré, porque parte de mi inocencia, parte de mi corazón, se han marchado con el. Dios te tendrá en el libro de la vida, y espero ansioso, poder estar ahí para verlo una vez mas y saludar al hombre que nos concedió parte de su tiempo y su alegría. Por eso y por mucho más agradezco a Dios su vida y presencia, y espero lo guarde como nosotros lo guardaremos a usted... Gracias por creer en la fe, gracias por creer en mi.
En memoria a su partida.
Victor Antonio Amador Benítez
