lunes, 25 de agosto de 2014

Para algo Bueno...


Hace ya mucho tiempo que no pensaba en ti.
Hace ya mucho tiempo que ni siquiera te me cruzabas por la mente. 

Mis días han recuperado su esplendor, la vida de nuevo me sonríe, y puedo ver que el sol sale y calienta mi rostros, si, definitivamente estoy volviendo a nacer, y en verdad me siento muy feliz de que sea así. 

Si, sigo con las consecuencias de mi tristeza, de mi abandono. Es como regresar a tu hogar después de un enorme desastre. Las paredes estás rotas, algunos techos se han caído, la vegetación y el moho han ganado la lucha por el espacio, en fin, parece como si nadie nunca hubiese habitado ahí; pero tu sabes, que en algún tiempo, ese fue el lugar más feliz en tu vida.

Me dejé caer, me dejé de cuidar, y mi cuerpo y mi mente, mi hogar, se perdieron en muchos sentidos... pero mi corazón se levantó poco a poco, y me hizo ver que era hora de regresar de mi exilio.
Mis amigos, mi familia, me brindaron un apoyo incondicional y agradezco infinitamente todo lo que hicieron por mi, por aquellos que me dieron palabras de aliento, por aquellos que me dieron palabras con sabor a sangre pero que finalmente me hicieron caer en mi realidad y en lo que estaba haciendo. A todos ustedes no saben cuanto les agradezco. 

Agradezco en especial, a ese ángel que me salvó, que me ayudo, que vendó mis heridas, que tomó lo poco que quedaba de mi, y que con mucha paciencia y amor, logró germinar de la nada. Me dio la esperanza y la paz necesaria para crecer y creer en mi mismo y que logro de mi un hombre de nueva visión y de nuevos mundos. 
Nunca pensé que mi barco tomaría aquella bahía donde el calor del sol y las aguas le dan paz a mi vida y a  mi alma.
No tengo palabras ni poseo las riquezas para agradecer a Dios y a todos aquellos que ayudaron en que yo pudiera verle salida a un dolor que jamás pensé sentir. 


Hoy comencé por correr de nuevo, y comencé a pensar muchas cosas...
Tres años... es mucho tiempo, demasiado como para tirarlo nada más así.
Ese tiempo posee algunas de mis mejores cualidades, de mis mejores momentos, de mis sentimientos mas profundos. Tres años que jamás volverán, pero que no significa que no existieron.
La cicatriz nos recuerda que las cosas pasaron, pero ¿Qué con eso?

Como dije, me abandoné a mi mismo en muchos sentidos, y en otros me recuperé y dejé que las cosas se dieran poco a poco. Quiero recuperar esa vieja casa, ese viejo hogar donde solía pasar mis noches mas frías con la firme certeza de que todo estaría bien. Quiero volver a sentir un poco de aquel calor que esa chimenea me brindó cuando era apenas un pequeño y que me acunó hasta que fui conociendo la vida y la decepción. Me abandoné, y la abandoné, porque necesitaba salir de mi zona de confort, de mi zona segura, de donde yo sabía que era amo y señor. Pero ahora que quiero regresar, no regreso para quedarme, pienso seguir viajando y conociendo nuevos mundos, se que nunca mas estaré solo, y que existe la certeza de que ese ángel me espera en alguna parte con una sonrisa en los labios. 
"no soy de cristal" es lo que pensé cuando en una riña alguien golpeaba mi rostro y yo no sentía nada, sentí la firme seguridad de que no iba a caer tan fácilmente, que podía aguantar, pero por sobre todo, que podía pelear y vencer. 
Ahora pienso lo mismo, que pude aguantar, que me pude recuperar, y que ahora, puedo vencerme a mi mismo y ser todo lo que jamás me creí capaz de ser y hacer. Que mis metas y mi mundo van mas allá de mi hogar y que mi hogar lo hago yo mismo. 

Si, fueron tres años que culminaron en una estocada al corazón, con llantos, decepciones, y traición y mucho dolor para todos, no soy un mártir. Pero también estuvieron llenos de experiencia y de lecciones que siempre serán útiles el día de mañana, de buenos recuerdos y de sentimientos que dieron vida a nuevos universos. 
No, me niego rotundamente a darle muerte a un tiempo que logró ser, en su momento, tanto en mi vida, y aunque aun hoy no logró comprender del todo el por que ni el como, no pienso dejarlo en el olvido. Basta de tanto rencor en mi corazón, de tanto odio y decepción, de tanta tristeza. Le declaro la guerra a lo peor de mi, y prometo sujetarlo a mis deseos, porque esta vez cuando mis miedos me calen los huesos y la ira me consuma, seré yo quien los domine y los sujete a mi voluntad. Yo soy el dueño de mi propio camino y decido hacerlo lo mas feliz que pueda hacerlo.

Y finalmente, concluí que las cicatrices no solo nos recuerdan que el pasado fue real, son mentoras del mismo, nos enseñan que evitar y que caminos tomar y aunque las decisiones duelan, son recordatorios gráficos que fallamos antes y podemos volver a fallar. Por eso esos tres años simbólicos en esta cicatriz que cargo en el corazón, no pienso dejarlos sino usarlos para poder restaurar mi hogar.
Si bien no puedo separar a veces el dolor, no dejaré que me detenga, pues incluso las espinas tienen un uso, y del caos nacen las estrellas.
"Sino puedo recordarte como algo bueno, te usaré para lograr algo bueno"