lunes, 16 de septiembre de 2013

Abre los ojos

En un pequeño pueblo, donde los cerros eran verde vida y la vida transcurría sin demora, la gente pasa por una avenida llena de coloridas casas. Cada una va tan ensimismada en su felicidad, en las cosas por hacer, en los labores, en muchos asuntos triviales, que no logran siquiera ver, a un pequeño de escasos cuatro años que llora desconsolado en la banqueta. Un triciclo torcido contra el tronco de un árbol con una rueda chueca aun gimiendo y un manubrio partido al medio, es todo lo que se ve.
El niño tiene el cabello lleno de hojas y tierra, y sus codos y rodillas son una maraña sangrante de raspones y cortadas, pero el niño no llora por eso... Mira desconsolado a su mejor amigo, aquel triciclo azul con listones blancos, está roto, y no hay manera de repararlo. Su mundo... la primera de muchas heridas en el corazón. Su objeto mas preciado, su tesoro, su calma, su niñez, están ahora torcidas contra aquel árbol. Nadie lo mira, nadie se percata, nadie siquiera le dirige una mirada. Está tan triste y solo...
De pronto una sombra cubre el sol de su visión, mira hacia arriba y solo logra ver, un Ángel.
Una joven de 16 años, de preciosos ojos cafe oscuro, de cabello castaño, delgada, de cuerpo divino, y un colmillo colgado de su cuello. Se acerca cálidamente, le sonríe como si Dios mismo lo hiciera. Se arrodilla frente a él. Saca de su bolso un poco de agua y lava cariñosamente las heridas.
-¿Cuál quieres? - le pregunta mientras sostiene dos banditas con figuritas, una tiene un divertido diseño verde de dinosaurios y el otro un azul lleno de tiburones. El niño aun temeroso escoge la azul. Le encantan los tiburones.
La joven quita la pegatina de la bandita y la coloca con cuidado sobre su rodilla derecha. Con una manga de su suéter verde seca las pequeñas lágrimas de sus mejillas. Limpia las hojas de su cabello y con los dedos lo peina.
Jamás se había visto una imagen que evocara tan tangiblemente el amor. El niño siente como un calor sube por entre su pecho, y la piel se le eriza, se sonroja e irremediablemente una sonrisa se dibuja en su rostro. Su cara cobra su brillo de nuevo, y es tan natural ese amor que ahora el siente, que lo único que puede sentir es paz.
- !Muy bien pequeño, ahora, ven¡
Su pequeña mano toma aquellos finos dedos esculpidos en el paraíso, y ahora camina junto con ella. La joven lleva en su otro brazo el pequeño triciclo azul y el niño solo sonríe al ver que su mundo también viene.

En una montaña, una tormenta se cierne con toda su fuerza. Pareciera como si Zeus mismo quisiera reventar aquella roca a fuerza de puros truenos y vientos huracanados. Justo en el medio de aquella montaña, lo que solía ser un hermoso paisaje es ahora un mar de fuego. Los arboles caen calcinados por los rayos, las aves huyen y los ríos convierten lo poco que deja el fuego en meros recuerdos. En el medio de ese Edén pasado, un obelisco de obsidiana se levanta estoico ante la tormenta. En la base un nombre con letras doradas, y en la punta la figura de una mariposa monarca. Un hombre desesperado intenta calmar la furia de los cielos, pero nada detiene su ira. La lluvia le lacera la piel como dagas afiladas, y el frío lo siente hasta en los huesos. El hombre sortea aquellos arboles que con tanto amor planto y que ahora yacen como cadáveres en el suelo, aquellas viñas y sembradíos que el mismo abonó con el corazón, corre con los pulmones a límite y en sus ojos el obelisco se dibuja como objetivo. Está a punto de llegar a la torre de obsidiana y apenas sus dedos se posan en aquel nombre de oro, como una cruel jugada del destino, un poderoso rayo desciende furioso sobre la figura de la monarca. El estallido convierte el obelisco en astillas, y explota tan fuerte que la montaña lo siente en las entrañas mas próximas de la tierra. Aquel enorme obelisco queda convertido en astillas de agudo filo, y se desploma sobre el suelo. El estallido ha lanzado al hombre fuertemente contra un muro de roca, y está gravemente herido. Varias astillas le atraviesan las piernas, los brazos, la espalda, pero es un grueso trozo de obsidiana que le atraviesa el corazón la que le tiene al borde de la muerte. El hombre despierta y la lluvia se lleva su vida entre hilillos carmesíes. Intenta levantarse, pero el dolor lo vence y se desploma sobre sus rodillas. Ya no relampaguea mas, pero el frío sigue. De pronto, siente como alguien le observa, levanta la mirada, y ve, a aquella joven parada sobre un peñasco.
- Me tengo que ir...
Da la media vuelta con un dejo de tristeza en aquellos ojos que pensó eran los mismos que poseía un ángel, le da la espalda, se aleja, y finalmente su cuerpo se pierde en la noche.
Él solo puede mirar como se va, y el corazón le da un vuelco, mira hacia el suelo, hacia sus manos, y están llenas de sangre. Una sensación de tristeza y dolor le invade como nunca antes y las lágrimas corren por sus mejillas una vez mas. Su mundo, se ha colapsado.

Pensé que tu eras la única, pensé que tu eras lo mejor de este mundo, que tu eras de aquellas gemas esparcidas por el mundo que le dan significado a la vida. Pensé haber encontrado mi hogar, y realmente lo hice. Fuiste tan linda conmigo, tuviste actos tan bellos que aun hoy día lloro de felicidad de solo recordarlos. Me enseñaste a volar, a crecer, a pelear. Conocí el amor entre tus brazos, entre tu cuerpo, en tus labios, en cada paso que dimos juntos. Me diste una razón para vivir, para pelear, para seguir respirando y de verdad creer que tenía un buen corazón. Te agradezco todas tus lecciones, todo tu tiempo, tu amor y tu cariño. Te agradezco cada sonrisa que sacaste a este tonto Garrick, cada suspiro de añoro, cada aliento de placer. Extrañaré tenerte a mi lado, extrañaré el sabor de tus labios, extrañare el calor de tu cuerpo y la felicidad de tu corazón. Extrañaré todo tu ser con todas mis fuerzas, extrañaré cada sonrisa que recuerdo de tu rostro. Pero ahora es mi tiempo de partir.
Me tengo que ir a pesar de llorar tu partida. Estuve esperando, pero ahora casi puedo asegurar que jamás volverás. Ahora miro el horizonte y se que hay mas futuro, gracias a ti. Quiero vivir, quiero ver este bello mundo, arreglarlo un poco. Quiero Estar y Ser para alguien el amor de su vida como alguna vez tu fuiste para mi, como alguna vez tu me lo enseñaste a mi. Quiero cuidar y proteger a alguien, procurarlo, preocuparme y desvivirme como algún día lo hiciste conmigo.
Gracias por hacerme crecer, por hacerme un poco mas hombre, por dejarme probar la dulce miel del Amor y de sentirse amado.
Ten buena vida, ten buen futuro, se que lo puedes. Recuerda que en los peores momentos siempre hay una salida, es algo que quise siempre enseñarte, pero jamas logré. Aun así, cuidate mucho, supérate, y si me necesitas sabes donde buscarme, pero se que no me necesitas mas. Quizá nos volvamos a ver.

Te Ame, y ahora, me retiro. Espero encontrar mi gema y mi verdadero hogar.
¡Deséame suerte, Adiós Mako!

http://delospunosenaltoyungritodepasion.blogspot.mx/2010/04/cierra-los-ojos.html