miércoles, 15 de septiembre de 2010

Es Gratis.

Las ruedas rodaban sobre el asfalto cubierto de rocio por la mañana
Un bostezo
Un abrir y cerrar de ojos y acomodarse los tenis en su lugar
Tome las llaves, el cinturon y unos audifonos
Sali junto con mi tio y nos dirijimos lejos, muy lejos de ahi.
Veia la rutina de todas las mañanas. Cortinas de acero deslizandose ruidosamente, gente soñolienta caminar, escobas y cubetas con agua en las entradas. Letreros de muchos colores colocados por todas direcciones. Era temprano.
"Su llanta esta ponchada"
"son 40 pesos"
"asi dejelo"
Todo parecia tan salido de mis sueños, de esos sueños atestados de alusinaciones, de imagenes cortadas y sin sentido, donde las personas parecen conocerte y a la vez no.
Llegamos pues, me despidio, me pidio cuidar mucho a mi mama y que en cualquier problema le marcara inmediatamente. Me abrazo y entro.
Aun no despertaba
Llevaba masomenos la mitad de mi camino y me di cuenta que mi pie se fundio con el acelerador, los arboles pasaban velozmente, era como si pretendiesen atacarme y justo en el momento de alcanzarme, cambiaran de idea repentinamente. Veia pasar mas y mas rapido a la lentitud de las montañas y los cielos, y solo mi mente se concentraba en que hacer al llegar.
La alarma del tacometro sono y cambie de velocidad. Escuchaba al motor forzarse en el peligroso tope de 7000 revoluciones y el odometro no paraba de elevar su numero. 200, 205, 220. La carretera era mia. Ni siquiera me percate de que la alarma sonaba constantemente y que un auto a mi derecha me seguia dandome alcanze. Nunca sabre porque, pero solo se que no pudo verme al entrar en una curva. Despues como si todo cobrase realidad, un ruido, un estruendo y un chillido. Un choque justo frente de mi, los autos dieron vueltas y solo pude ver la estela de humo y restos de facias y faros esparciendose por el pavimento. El ruido de los frenos al amarrarse y el carro frenando violentamente. Desperte.

Hubo un momento en que crei irme contra los autos, de quedar atrapado entre los retorcidos fierros del armatoste desarmado, pero nada de eso. No senti miedo, solo actue, como si algo pudiese decirme que me iria bien.

Entraba en la neblina, donde nunca se alcanza la entrada a la nubosa carretera, siempre, se queda un paso antes del umbral de la puerta, y justo atras, nos envuelve en su blanca oscuridad.
Ahi entendi lo que me quicieron decir hace tiempo.
Ahi fue cuando pude ver que no estaba solo, y que podia confiar en que yo era algo y que podia hacer mas.
Que mi preocupacion se convierte en arma, porque aun no he terminado de vivir.

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